– ¿Hay alguna razón por que me estés diciendo todo esto? – pregunto.
– No sé, sólo quiero que seas feliz y que encuentres a una chica que sea paciente y te ayude a cambiar – me responde.
– ¿Tú no crees ser esa chica?
– No sé.
– Entonces, ¿por qué me dices todo esto? ¿O es que ya no me amas?
– Sí te amo, Joan, eso no lo dudes.
– Pues no parece. ¿No estarás haciendo esto ya que no me tienes paciencia o lo dices porque encontraste a otro? – pregunté.
– No, Joan.
– Porque si es así, puedo soportarlo y dejarte libre. Quizá era eso lo que querías decirme desde hace meses y no tenías el valor de decírmelo.
– No, Joan, no hay otro. Yo te amo a ti.
– ¿Segura?
– Sí, muy segura.
– ¿No hay otro que te guste por tu barrio o del colegio de tu hermano?
– ¿Vas a empezar de nuevo?
– Solo pregunto. Quizá sientes algo por “quién-ya-sabes”.
– No y no me molestes.
– Está bien. Disculpa. No quise incomodarte con cosas que en su tiempo fue verdad y ahora, según tú, ya no.
– Jódete – me insulta Catrina mientras oculta su cara en la almohada.
– También te amo.
– Ay, Joan.
– ¿Qué?
– ¿Por qué hablamos de todo esto de nuevo?
– Tal vez porque eres tú quien trata de decirme algo.
– No, no es eso.
– Entonces la razón es porque te incomodo cuando hablo de ciertos temas que no quieres recordar.
– No, tampoco. Joan, ya no sigas.
– Entonces, ¿cómo quedamos?
– No sé, tú dirás.
– Entonces, te pregunto. ¿Quieres seguir conmigo?
– Sí
– ¿Y con la paciencia que se te acabó? ¿Cómo harás para soportarme?
– No sé – contesta desanimada.
– ¿No estás segura de seguir conmigo?
– Sí, lo estoy.
– ¿Estás segura a pesar de que en cualquier otro momento te puedo molestar por cualquier cosa mal dicha de tu parte?
– ¿En qué momento me expresé mal? – me reclama.
– Cuando metí mi mano por debajo de tu blusa para llegar a tus senos. Y cuando te los toqué, me dijiste: “Tú pudiste”.
– ¿Y? ¿Qué encuentras mal dicho ahí?
– Analicemos primero el verbo “pudiste”. En el caso que solo me hayas dicho “Pudiste” yo lo interpretaría como que logré tocar tu seno derecho. Pero al agregar “Tú”, me dices que solo yo pude agarrártelo, es decir que hubo otro u otros que no pudieron.
– Ahora te pregunto – agregué – ¿Cuántos no pudieron tocarte las tetas?
– ¡¿Qué te pasa?!
– ¿Tu ex no te los tocó?
– ¡No!
– ¿Otro chico no te los agarró?
– No, Joan, me haces sentir mal.
– Discúlpame.
– No te preocupes. Ya me acostumbré a que me trates mal.
– ¿Cuándo te traté mal?
– A ver, ya que tu memoria no te sirve de mucho. Cuando Kevin y Fernando vinieron a la casa, no sé qué caracho te habrá pasado pero tenías una cara que ninguno quería acercarse a ti. Creo que te habíamos molestado porque cambié el canal en el televisor para ver el Angelus. Sé que no crees en dios pero compórtate. Y otra más reciente fue hoy cuando vino Fernando, me dijiste “conchasumadre”.
– Sí, te lo dije, pero fue porque me habías dado un pellizco y creo que eso ya habíamos hablado, ¿no?
– Bueno…
– ¿Algo más que quieras discutir?
– Nada más.

Se voltea, me da la espalda y se hace la dormida. Yo también le doy la espalda, pero no me gusta estar peleado con ella. Con mi mano izquierda trato de sostener su mano derecha. Lo consigo y la atraigo hacia mí. La abrazo. La beso. Me dice que me ama. Le creo. Le digo que la amo. Me cree. La abrazo con pasión, con ganas de excitarla, pero no tanto porque estaba con su regla. La beso por el cuello, alrededor de su oreja, de nuevo por su cuello. Le quito lentamente su ropa de dormir. Solo le bajé la tira izquierda de su sostén para besar su hombro y bajar hasta llegar a su seno. Me detengo.

– No pares.
– Es que mañana, bueno hoy tengo clases en la universidad.
– Mmm… Ay, amor.
– Quisiera hacértelo pero tengo que dormir. Son las dos y quince de la madrugada.
– Sí, mejor durmamos. Amor, no es por joder pero, ¿cuál son los apellidos de tus amigas Lucero y Alexandra?
– Aucapure y Elías.
– ¿No tienen segundos nombres?
– Sí. Lucero Stephanie y Alexandra Tatiana.
– Fue Alexandra de quién escribiste en tu blog, ¿no?
– Sí, pero fue un sueño que tuve.
– Si tu lo dices. ¿Y por qué no me lo contaste en su momento? ¿Por qué esperaste a que lo leyera?
– Porque pensé que tú nunca leerías mi blog. Además estamos iguales. Tú tampoco me contaste del beso que te diste con ese tal Jhon.
– Aya. Entonces, de verdad la besaste. Yo sabía que en este tiempo te habías besado con otra.
– ¿Qué dices? Ya te dije que fue un sueño.
– ¿Y por qué lo comparas con lo que pasó con Jhon? Entonces, hay algo de verdad. Sabía que no me serías fiel.
– Si eso piensas – me molesté.
– ¿Por qué no le dijiste para que sea tu enamorada?
– Sí, pero la quiero como amiga. No quiero perder eso. Además no sé si yo a ella le gusto y prefiero no saberlo.

Le di la espalda y me dormí.


(*) El contenido de este post fue editado y corregido.
El post original fue publicado aquí el 31 de agosto de 2009.

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